La nana
Solía decirme mi nana: mi niña tienes que llorar, si no lloras el pecho va a seguir doliendote.
Yo tenía prohibido llorar, pensaba que era malo, siempre me decían "las mujeres fuertes no lloran, llorar es de débiles", luego seguía un cuestionario sobre la causa de mi llanto seguido de una serie de argumentos que demostraban que la causa era ridícula y simplemente sentía vergüenza y dejaba de hacerlo.
Un día llegaba de piano, molesta y confundida, no olvidó ese día, Chopin era un dolor de cabeza, sus variaciones y mis manos cortas eran algo que odiaba, dejé el bolso de música y tome el de pintura fui a buscar a mi nana para que le llevará a la clase que era a una cuadra.
Ella estaba lavando los trastes de la cocina y lloraba, al verme se lavo las manos, se limpió la cara, me tomo de la mano y me llevo en un silencio sepulcral.
Caminaba mirándola de reojo, ya en la puerta le abrace y le dije, ya te va a salir la presión del pecho. Ella solo asintió.
A las 5 llegó mi madre por mi, supe que pasaba algo, me dejó en casa a cargo que los deberes de mi hermano. Si odiaba algo en la vida era supervisar los deberes de mi hermano. Llegaron las 8 pm hora de dormir, para mí buena suerte mi hermano estaba cansado, nos acostamos.
Al día siguiente como de costumbre nos despertamos, nos arreglamos, salimos a la mesa y no había desayuno, dos Isaías ( el chófer) estaba esperándonos, nos sirvió un plato de leche y cereal. Era la primera vez que lo veíamos en la cocina, recuerdo a mi hermano y su cara de sorpresa, fuimos al colegio.
A la 1 estaba don Isaías listo como siempre pero esta vez tomamos otra ruta, ese día conocí su casa, su esposa. Hasta ese momento no había pensado en su vida. Nos dieron el almuerzo, y nos dejaron hacer la siesta, acomodaron las camas para nosotros.
La ruta fue la de siempre, dejar a mi hermano en los deportes, llevarme a piano pero esta vez con uniforme.
Llegue a casa, no estaba mi nana, no fui a pintura, no era capaz de salir de mi casa son compañía. Me fui a la biblioteca, entonces escuché una conversación, mi mamá hablaba con alguien sobre un bebé muerto. ¿Los bebés mueren? No lo sabía.
Mi mamá me encontró escuchando y se sentó a explicarme con detalle la situación, ese día entendí tres cosas: 1 llorar no es malo, sólo no llores frente a nadie o te verán débil, 2 los bebés pueden morir, los hijos son prestados, 3 jamás déjate que un hombre me agreda, eso mata sentimientos y también bebés.
Mi nana nunca tuvo hijos, ya no pudo concebir, tal vez por eso nos amo como a hijos, sólo ella entendía mis ataques de pánico a las explosiones, mi ansiedad ante las multitudes y solo ella podía entender mi forma de sentir.
Hoy somos buenas amigas, no deja de tratarme como a una hija y yo a ella como una mamá.
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